Una voz propia.

31/08/2014

Lo más importante para alguien que escribe es encontrar su propia voz, y no obsesionarse por otras preocupaciones marginales que no tienen un efecto decisivo en la calidad de su escritura. Desde hace muchos meses, esta idea se ha ido haciendo cada vez más grande. Se permite el fallo, pero no se entiende abandonar la aventura que supone encontrar tu propia voz.

“(…) Más de una vez me he descubierto haciendo mentalmente el camino inverso: no he entendido lo ocurrido hasta que no he descifrado por completo el significado de la canción que tenía asociada a ese momento y que, a su vez, fue elegida por la propia vida para permanecer adherida a esa experiencia hasta el punto de no poder existir la una sin la otra. Es probable que esta manera de decodificar (o codificar, no estoy seguro) el mundo que se despliega ante mí no sea más que una consecuencia de mi falta de fe, de mi completo ateísmo, del convencimiento innegociable, enrocado y casi crónico de que no hay lugar para lo divino dentro del territorio doméstico de la lógica. O puede que no sea más que una forma acomodada, burguesa, desestresada y sencillota de tratar de entender por el método rápido dos mundos que no entiendo: lo que sucede y el porqué sucede. O puede que se trate de una mezcla de las dos. O puede que no, que no tenga nada que ver (…)”.


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