Colisiones y excursiones: Paseo por Erbil a ritmo de WHY?

13/12/2012

Vendedor de granadas Los últimos días están siendo todos bastante parecidos, con jornadas de hasta 13 horas delante del ordenador para llegar a cumplir plazos de entrega de las secciones de la guía. Voy tan rápido como puedo y, mientras las otras dos terceras partes del equipo están de reunión en reunión, yo me quedo trabajando en casa mientras escucho la música que me apetece al volumen que quiero. Cuando hay alguna reunión realmente importante, entonces vamos todos. Trato de salir al menos una vez a la calle, a respirar de verdad. Sin embargo, el aire de Erbil no es lo más puro que me he echado jamás a los pulmones. No sé cómo está actualmente el tema, pero intuyo que aquí las políticas medioambientales no son prioridad y que ni tan siquiera estarán reflejadas en la agenda. De este modo, con la mitad de la ciudad ocupada por camiones de gran tonelaje que llevan de un sitio a otro cemento o andamios o arena o qué mierdas sé, el aire es sucio en la mayoría de las ocasiones. Si a eso le añades el polvo que viene del sur, del desierto, te descubres prefiriendo morir de calor en el coche a bajar aunque sea un poco la ventanilla. El otro día, a la salida de un semáforo, me pilló desprevenido un camión con ruedas del tamaño de un primer piso: metió primera y el humo negro que salió del escape y que recorrió apenas un metro antes de colarse íntegro por mi ventana era tan espeso, que tuve que irme a casa a cambiar de camisa y todavía no sé si es recuperable. Suerte que no llevaba la chaqueta del traje puesta.

Paseo 1

Voy recopilando información que voy encajando poco a poco en preguntas que tenía en blanco desde el principio. Por ejemplo: efectivamente, aquí no existe el tema de las autoescuelas, las clases prácticas y esas gaitas. Aquí vas al organismo correspondiente con tu documentación y una foto, pides tu carné de conducir y te lo dan en cuestión de cinco o seis minutos. O una hora, me da igual. Intuyo que no es válido para conducir fuera de Iraq, pero la cuestión no es esa. La cuestión es cómo conducen en Iraq. De verdad, seré muy tonto, pero no hay ni un solo día que no me quede totalmente fascinado viendo conducir a esta gente. Y los pocos accidentes que hay. Por cierto (nota seria): Dlshad, nuestro chofer, es el segundo chofer que trabaja para nosotros. “¿Y el primero?” os preguntaréis igual que lo hice yo. El primero está en la cárcel por atropellar a un niño. Al parecer no lo mató y las cosas están de la siguiente manera: hasta que el padre del niño no perdone al chofer, éste no sale de la cárcel. Lo he escrito igual que me lo han contado a mí. Puede que me estén tomando el pelo, pero el caso es que el tipo no está. Y me aseguran que el colega iba como un auténtico loco, a 140 por hora por la calle de detrás de mi casa. He visto algunos accidentes aquí (quiero decir: he visto el post-accidente, no el golpe en sí) y son fácilmente reconocibles: los coches se quedan parados donde se hayan chocado, sin importar si es en el carril izquierdo o en todo el jodido medio de una calle, y son rodeados por decenas de curiosos (hombres y niños, nada de mujeres y niñas) que empiezan a dar su opinióna de lo ocurrido. A veces se juntan hasta 30 ó 40 personas, policía y miembros del ejército incluidos, que debaten sobre quién ha tenido la culpa.

Bazar 2

El otro día di mi primer paseo serio: 3 horas andando desde mi casa hasta el centro de la ciudad, y coronando la azaña entrando en el primer y único cine modelo occidental que hay en Erbil. Vi Killing Them Softly y os la recomiendo. El caso es que necesitaba andar y escuchar música y hacerme un poco el turista interesante en un país de Oriente Medio. Deseaba con todas mis fuerzas cruzarme con algún suceso extraordinario y poder vivir de primera mano algo que no fuera ver un Ferrari descapotable o subir al piso 12 de un hotel de cinco estrellas. Tardó en llegar, pero llegó: una turba de bigotudos en torno a tres coches. Bingo. No había víctimas, solo abolladuras, pero mi absoluta adicción a las discusiones callejeras me hizo querer pelear por una tribuna preferente para asistir al juicio express en plena acera. Lo malo es el idioma, que uno no sabe de qué discuten ni quién es el culpable. Con todo y con eso, elegí mentalmente del lado de quién posicionarme: un viejo kurdo vestido a la manera tradicional kurda. Todos le señalaban y le reprendían y el hombre se defendía con muy buenas maneras, señalando repetidamente los otros dos coches, el cruce, el cielo y una farola. Era maravilloso, de verdad. Nada de violencia. Estuvieron así más de media hora. Unos niños que había por ahí se me acercaban y me decían: “Hi, how are you?”, como en la camiseta del monstruito de Daniel Johnston. Y yo les daba la mano y les sacaba fotos. Por cierto: aquí nadie pide dinero. Nadie. Nadie me ha pedido nada nunca. Nadie se me ha acercado para que le diera algo. Jamás. Lo único que querían era saludar. Había un niño vendiendo platos de granada con azúcar. Menuda manera de mirar a la cámara. Qué barbaridad.

Amigos kurdos

NOTA: Durante todo el paseo escuché mis tres discos favoritos de WHY? Alopecia, Elephant Eyelash y Mumps, Etc. De verdad, los que tengáis un mínimo de curiosidad, buscad sus letras en la red y preparaos para alcanzar una nueva dimensión de la jugada.

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