Poema #331

20/07/2014

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Nos miramos los pies como muñecos
esperando a que salga nuestro avión.
Hay mucha violencia en lo que vistes:
todos los lujos nacen del dolor.
El suelo de moqueta recién limpia
amortigua lentamente los destinos.
Suenan los avisos de otros vuelos,
una madre da el pecho a un niño;
tienes los ojos hinchados.
Te molestan los pitidos.
Al otro lado del ventanal
la coreografía perfecta de los protocolos
bajo una lluvia helada de noviembre
que hace que todo sea un espejo
donde sólo se refleja el gris y el verde.
Me duele cada movimiento inútil.
Me duele cada gesto inmerecido.
Trato de entender las decisiones
de un gobierno atrincherado en su cruzada
por acabar con toda diferencia.
Nos estamos marchando
pero llevamos con nosotros la decadencia.
Somos un país tambaleante
que escribe su historia de mentira.
Todo el mundo trata de ser otro
mientras mira atentamente las pantallas.
Nos estalla la mañana en la cara
y sus trozos de cristal van a incrustarse
en los labios superiores y en los ojos.
Voces de metal en los aseos
iluminados para hacernos más delgados
suenan a oración desesperada,
a fracaso cultural y a pulso lento.
Siempre hay un viajero al que culpamos.
Siempre es divertido hacerse el muerto.

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