Poema de la mitad del verano

30/07/2014

12oz-blackout-new_york-hurricane-sandy-grotesk-1A mí la vida me gusta,
pero sólo la mitad del tiempo.
La máquina imprime un billete
y en la tinta que escupe va el sabor
de las horas que pasamos encerrados
en aviones o autobuses o vagones
que nos acercan (o eso pensamos)
a todo lo que estaba planeado.

A mí la vida me asusta,
pero sólo la mitad del tiempo.
Les dije todo lo que querían escuchar.
Les di uno a uno los nombres.
Me inventé todo pero lo inventé bien,
y metieron mi firma en un sobre.
Viajar no es alejarse, es moverse.
Y es imposible ver con claridad
el paisaje que se extiende poderoso
una vez se ha puesto el sol de agosto,
por culpa de las luces que rebotan
en la parte interior de los cristales.
Pasan los pueblos.
Pasan las ciudades.

A mí la vida me duele,
pero sólo la mitad del tiempo.
Y me he inventado un mecanismo
perfecto para protegerme:
esparcí las palabras más odiosas
por el suelo de las casas donde estuve
de modo que si alguno anda descalzo
se corte con su filo y que la herida
pierda sangre del color de la madera.
Y se le claven tan profundo como puedan,
y les sea imposible la sutura,
y no acierten a dar con el problema,
y que el corte les acompañe para siempre.

Yo merezco la vida que tengo,
pero sólo la mitad del tiempo.

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