Logro desbloqueado

10/03/2015

e63b4-6a00e54f88596c88330105367958be970b-800wiSin pretenderlo, sin poner ni una caloría de energía en ello, he conseguido lo que siempre había querido pero jamás le había puesto nombre: he conseguido no vivir en ningún sitio. Tengo ropa en, al menos, tres casas diferentes. Solo pago un alquiler. Teóricamente vivo a 403 km en carretera de la casa donde crecí al noroeste de Madrid. Vivo a 2.161 km de Hamburgo, de mi hermana melliza, mi cuñado y mis sobrinos. Vivo a 10.044 km en línea recta de Buenos Aires, donde reside mi hermano, mi cuñada y mi sobrina. No tengo planes de amueblar nada, no puedo decorar ninguna habitación y no podría decir dónde tengo cada par de zapatillas que me gusta ponerme. Porque de un tiempo a esta parte, cada noche o cada dos noches, cambio de habitación. Duermo donde se me necesita. Y yo no necesito dormir.

Tengo 36 años. Cada día que despierto pienso en cómo era mi padre a mi edad. Mi padre a mi edad ya tenía 3 hijos: 2 de 7 años y 1 de 11 meses. Vestía traje, corbata, camisas impolutas, zapatos de cordones y llevaba maletín. Viajaba a partes del mundo que todavía no estaban globalizadas, precisamente con afán globalizador. Puso su granito de arena en la gentrificación mundial. Era alto, tenía una barba tupida, la cara grande, las cejas grandes, la nariz grande. Tenía genio, fumaba, imponía. Leía el periódico con los pies en la mesa baja del salón. Apenas leía libros, pero era del Círculo de Lectores. Fuimos de los primeros en tener enciclopedias. Había comprado una casa, conducía un coche de empresa, podía disfrutar de algunos lujos de occidente: una plaza de garaje, un trozo de césped en el centro de la península, una comunidad de vecinos y una piscina en verano. Iba a misa, comía carne, votaba al PSOE, decía que le gustaba la música (en realidad le gustó un par de tardes), no iba al cine, salía a cenar, olía bien, vivía para la empresa. Al poco empezamos a viajar por Europa, como una familia moderna, sin lujos, en coche y muchas veces haciendo camping. Todavía tenían energía. Mi madre también. Mi padre decía que hablaba inglés, se había labrado cierta reputación en el mercado de las telecomunicaciones como técnico de confianza. Había emigrado al noroeste, a Majadahonda, a 19 kilómetros de Madrid y eso es lo más lejos que ha vivido nunca de la casa de sus padres, mis abuelos (ya fallecidos). Tenía un préstamo, quizás dos. Bebía vino y cerveza, no era especialmene simpático pero nos adoraba. Hablo en pasado por imposición literaria, pero mi padre sigue vivo.

Yo, sin embargo, nunca he querido ser nada de eso y vivo tan al día que me alegro de cada techo que me acoge, cada cama que habito, cada desayuno que comparto. Celebro cada moneda que tengo en el bolsillo y cada comida vegana de 5 euros que me permito. Voy atento, no tengo carnet, he abandonado temporalmente mi Vespa enfrente de mi oficina hasta que pueda pagar su reparación, llego tarde a los plazos, debo dinero, he perdido amigos (últimamente más que en épocas anteriores) y adoro a la mujer con la que estoy. Y tengo una perra, de rebote. Me muevo con libertad, puedo pasar noches enteras en salas de espera de las urgencias de un hospital recién privatizado, cojo autobuses a la periferia, tengo miles de discos (miles, de verdad) a los que hace meses que no les pongo un dedo encima, estoy al día de las noticias, de las novedades discográficas, de las series, de los libros, de los comentarios, de los trending topics, de las peleas. No me acostumbro a más rutina que la del cambio constante. Tengo tantos cepillos de dientes repartidos por España que cuando veo uno que es mío no lo reconozco.

He dejado de tocar en directo pero sigo pensando cada día en la música. Hace meses que no hago una canción. He entregado mi tiempo a lo urgente, me he puesto a disposición de mi trabajo y mis amigos necesitados. No echo de menos la acción, pero volveré, claro. En cuanto recupere algo de mi tiempo. Volveré porque me gusta sentirme especial. Solo son 45 minutos de vez en cuando y cada día que pasa los reivindico más. No tengo ningún don para la música, pero creo que lo hago bien. Me estoy preparando para hablar un nuevo lenguaje. Ha cambiado para siempre la jerarquía de mis necesidades.

Y me sigo sintiendo igual de principiante que hace 25 años.

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Una respuesta to “Logro desbloqueado”

  1. deslana Says:

    ❤ Respondo con emoticono.


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