Bienvenido, Donal Trump.

09/11/2016

france

El ser humano necesita sentirse profundamente miserable para caer en la cuenta de lo necesario que es sentirse bien. Cuando uno se siente profundamente miserable, la única manera de enderezar la existencia es provocando un cambio. Ese cambio no viene solo con desearlo: ese cambio necesita trabajo, necesita organización, necesita determinación, necesita un deseo inquebrantable de transformación; y todo eso es tan intransferible como una necesidad fisiológica: nadie puede hacerlo por ti.

Por otra parte, ya sabemos cómo reaccionan los espectadores que, bien por voluntad propia o por imposibilidad, no alteran su papel (nacen y mueren siendo meros espectadores de lo que sucede): siempre tienen una opinión para todo. Si algo no resulta como pensaban, lo más probable es que acaben tachando de incompetentes -cuando no directamente insultando- a los responsables de esa situación.

Digo todo esto porque, después despertar con La Noticia, de pasar todo el día leyendo diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales, leyendo en profundidad hilos de Twitter, con la CNN de fondo, de ver las distintas manifestaciones espontáneas de jóvenes protestando por el resultado electoral en algunas ciudades concretas (Portland, Los Ángeles o Nueva York, por ejemplo) y, en general, después de observar el tono funerario de las portadas de los periódicos de medio mundo y de la mayoría de la gente a la que sigo en redes sociales, me han venido a la cabeza las dos o tres ideas que desde hace tiempo decidí que eran las que quería como base fundamental de mis acciones dentro de este teatro que es la vida:

  • El discurso del miedo, triunfa entre la gente menos informada (o más distraída). No hay que tener miedo y, para ello, hay que formarse, informarse, estudiar, leer, desarrollar al máximo nuestra capacidad de análisis, de comprender en profundidad lo que somos y lo que nos rodea. Hay que cuestionarlo todo.
  • Todo lo que pasa más abajo del cielo, es responsabilidad de la gente. Votar a Trump no es sinónimo de estupidez, por más estúpido que parezca Trump. Recomiendo encarecidamente la lectura de este artículo de Michael Moore (por quien siento admiración desde hace muchos, muchos años) donde, hace días, ya se adelantó con su lógica para todas las edades al resultado electoral que hemos conocido hoy. Y no: no dice que el problema es que los norteamericanos sean idiotas.
  • Cuando la realidad no es agradable a tus ojos, trabaja para cambiarla. Esto lo ha explicado muy bien Dennis Lyxzen, cantante de Refused, y me siento completamente representado por sus palabras: It’s up to each and everyone of us to create the world we live in. To define the sort of relationships we want to have with others. To fight relentlessly every day for a better and more just and equal world. To not let hate and fear dictate our actions. To open our hearts and minds and challenge the thoughts that makes prisoners of everyone. If we really believe in equality and freedom for all we need to dismantle the economical, social, religious and cultural structures that surrounds us. Build a new world. Together.
    It starts now. It starts with us. Now more then ever we need our art and music and love and ideas and relationships to be a beacon of light in a bleak world!
    Don’t mourn; organize.

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  • La Política es importante. El país en el que vivimos, sea éste cual sea, no puede pasar a un segundo plano en nuestra escala de prioridades. La Política no puede servirnos solo como espejo donde se reflejan nuestras frustraciones ni como motivo de broma postmoderna mientras decimos con facilidad que la Política es para aburridos o que la ideología hace años que ha muerto. No hay que estar demasiado despierto para darse cuenta de cómo está avanzando el nacionalismo, el racismo, el sexismo y la desigualdad en todos los países occidentales.

Utilicemos este momento de estupor generalizado para poder empezar hoy a cambiar todo lo que nos apesta de la realidad: organicémonos, seleccionemos las áreas de acción, identifiquemos nuestras prioridades. Hagamos de esta mala noticia para hoy una buena noticia para el futuro: dejemos de ser meros turistas de la existencia, dejemos de mirarnos a nosotros mismos, de llenar La Nube de selfies tarados, de consumir sin preguntar; reactivemos el sentimiento de comunidad, de solidaridad y de acción.

Bienvenido, Donald Trump: su mandato promete ser un delirio de tal calibre que se va a convertir en una fábrica de activistas. Lo dramático será cuando hagamos el recuento de las víctimas que va a dejar su legislatura. Porque es exactamente eso lo que ocurre cuando las personas decidimos no actuar.

 

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